A lomo de palabra
por Germán Castro (gcastro@agseso.com)
El
desencanto generacional novelado
Xavier
Velasco , Diablo Guardián
Alfaguara, 2003. 500 pp.
Aunque no hubiera ganado el más importante premio de narrativa
en lengua castellana de la actualidad, igual la recomendaría:
tienes que leer Diablo Guardián, de Xavier Velasco.
El pasado mes de febrero se dio a conocer el resultado del Premio Internacional
Alfaguara de Novela 2003: en su sexta edición, en la cual participaron
473 obras (70% procedían de América Latina, el resto de
España), el fallo del jurado favoreció a un escritor mexicano,
Xavier Velasco (1958). ¿Has leído algo de él? Seguramente
no
Pero no importa: ¡fanfarrias!: publicación de
su novela bajo el sello editorial más fuerte del mundo hispanoparlante,
fama internacional de sopetón y un cheque por 175 mil dólares.
Nada mal, ¿eh?, sobre todo para un amigo que apenas tenía
un par de libritos publicados prácticamente desconocidos
En sus cinco emisiones anteriores, el Premio Alfaguara ha sido otorgado
a plumas de amplia trayectoria y en casi todos los casos dueños
de un sólido prestigio internacional: Eliseo Alberto (Caracol
Beach, 1998), Sergio Ramírez (Margarita, está linda
la mar, 1998), Manuel Vicent (Son de mar, 1999), Carla Sánchez
(Últimas noticias del paraíso, 2000), Elena Poniatowska
(La piel del cielo, 2001) y Tomás Eloy Martínez
(El vuelo de la reina, 2002).
En marzo le preguntaron a Carlos Fuentes qué opinaba del ganador
del Premio Alfaguara. No lo conozco, respondió. Y
luego comentó que el hecho de que Alfaguara hubiera concedido
el premio a un autor oscuro hablaba de la seriedad del certamen. ¿Será?
A la defensiva
, así inicié la lectura de Diablo
Guardián. ¿De dónde salió este cuate?
Y bueno, además los respetables señores del jurado quiénes
son, digo, un señor llamado Luis Mateos Díez, el presidente
del jurado, puede equivocarse
Y aun así, luego de 500 páginas,
ahora estoy seguro de que, efectivamente, Xavier Velasco escribió
una gran novela

Diablo Guardián se compone de una suerte de prólogo
y 27 capítulos. En el texto inicial, de impactante fuerza expresiva,
se presentan los dos protagonistas de la novela: Violetta y Pig, su
Diablo Guardián:
"
me acuso de
ser yo por todas partes. O sea de querer siempre ser otra. Y hasta peor:
conseguirlo, ¿ajá? Me acuso de bitchear, witchear, rascuachear,
de ser barata como vino de tetra-pak, y al mismo tiempo cara, como cualquier
coatlicue traicionera. Me acuso de haber robado, no una ni dos veces
sino a toda hora y en todo lugar, como cingado pac-man cocainómano.
Me acuso de acusar al confesor por mis pecados, y de haberlo nombrado
Demonio de Mi Guardia
"
Detesto las reseñas que develan la trama de un libro, más
todavía si se trata de una buena novela. Diablo Guardián
lo es. Apenas, pues, digamos que Velasco cuenta la historia de un encuentro,
o mejor, de la suma de los muchos desencuentros personales que llevarán
a dos excéntricos personajes a toparse el uno con la otra
y así con ellos mismos.
Desde sus andares, Pig y Violetta, feroces outsiders de la clase
media urbana mexicana, permiten al lector husmear las tragicomedias
cotidianas de sus terruños desde palcos preferenciales: la soledad,
la acidez del desencanto, el fracaso, el individualismo como estrategia
y como condena, el rompimiento de todo compromiso social
Los protagonistas
de Diablo Guardián ya no son los onderos de hace
cuarenta años; no son optimistas, no son propositivos, mucho
menos revolucionarios
Por el contrario, son los jóvenes
que nacieron y crecieron con la crisis tatuada como condición
perpetua de vida, asqueados de la corrupción y al mismo tiempo
transas consumados:
Está todo tan
pinche corrompido que la decencia tiene que esconderse para sobrevivir.
Se trata de la generación que ha vivido trepada en el tobogán
de la depauperización, con las uñas y el ánimo
rotos, embobada por los escaparates, y el terror a la pobreza quitándole
el sueño cada fin de quincena:
Créeme que el
hambre huele peor que la comida descompuesta. Pa que mejor me entiendas:
la miseria es la mierda de la desgracia.
Ellos, ahora la gran mayoría en este país, transitan de
descalabro en descalabro con la certeza de que por más inclemente
que pueda ser su postura crítica ya nada los hará creer
en una solución que vaya más de la contingencia, porque
la desconfianza en el otro, en todos los demás, necesariamente
lleva al pesimismo:
Toda la gente que se
propone enderezar al mundo lo que en realidad quiere es enchuecarlo
a su medida. No hay nada más retorcido que un enderezador.
Y desde ahí, ¿cómo carajos imaginar un futuro mejor
en el que quepamos todos? De plano imposible:
Yo solamente entiendo
la necesidad de una revolución si me dices que todos nos vamos
a ir a Las Lomas. Y ahí está la mierda, ¿ajá?
Con tanto muerto de hambre Las Lomas se volvería una puta vecindad.
Pig quizá más ensimismado, Violetta volcada hacia fuera,
pero ambos atroces a la hora de ver su origen de clase en el espejo;
la vulnerable clase media balconeada en todo su patetismo:
Si yo trataba de arrimarme
a Polanco y Lomas con esas caravanas de sirviente fino, júralo
que de miau no me iban a bajar. Ni a subir, ni a dejarme mover. Es como
si tú llegas con un desconocido y le dices: Buenos días,
caballero. El tipo te va a dar las llaves de su coche, pero para
que se lo laves
Ya me imagino lo que piensa una señorona
con tremendo caserón en Las Lomas cuando un pinche inquilino
de Rinconada del Carajo le sale con que Está usted en su casa.
¿Te imaginas la respuesta sincera? No me digas que no. ¿Cuándo
en la vida ha visto usted que yo tenga una casa así de pinche?
Claro, esas cortesías se inventaron cuando los ricos todavía
eran cursis. Ya luego echaron la decencia a la basura y la bola de pránganas
se abalanzó sobre ella, como moscas.
¡Pobres clasemedieros! ¡Tan lejos del primer mundo y tan
cerca de la pobreza! ¡Tan obvios en nuestros miedos y tan angustiados
por que no se nos noten! ¡Pinches osos!:
Me enferma esa palabra:
oso. Los ejecutivos de la agencia viven con el Jesús en
la boca por miedo de hacer un oso con sus pinche clientes. Tanto
miedo le tienen al ridículo que le dicen oso. Le decimos,
pues
Nadie vive tan cerca del ridículo como la clase media.
Por eso nadie quiere quedarse ahí, donde cualquier jodido te
falta al respeto. Un güey de clase media no tiene guardaespaldas
qué aventarte, pero tampoco se atreve a encajarte un cuchillo
en el cuello. Entonces, claro, se aguanta la vergüenza. Hae su
oso todos los días."
Por supuesto, como cualquier novela que realmente lo sea, Diablo
Guardián permite muchas lecturas, y la de la crítica
social no es la única. Pero que aquí pare la cosa, y tú
ponte a leer