A lomo de palabra
por Germán Castro (gcastro@agseso.com)
El
poder del deseo y el deseo de poder
Manuel
Vázquez Montalbán, O César o nada
Planeta, 1998. 416 pp.
Aquel año, la Historia tiró los dados cargados. Impelidos
por un ideal nuevecito, apenitas recién aparecido en Occidente,
el de la unidad nacional, Isabel y Fernando, los Reyes Católicos,
dejaron caer el telón a ocho siglos de presencia árabe
en España, al conquistar el último bastión moro
en la península ibérica, Granada. Ese mismo año,
ellos mismos y deslumbrados por el mismo ideal, expulsaron a los judíos.
También en 1492, menos de cincuenta años después
de que en Maguncia Juan Gutenberg inventara la imprenta de tipos móviles,
un nuevo lenguaje, el nuestro, estrenaba su primera Gramática,
escrita por Antonio de Nebrija. Por si fuera poco, aquel año
parteaguas, un oscuro marino genovés se topó con el Nuevo
Mundo.
Aquel año de entrecruzamientos, el catolicismo estrenaba Sumo
Pontífice: Alejandro VI, apelativo que tomó el segundo
miembro de la familia Borgia (Borja) que lograba llegar a la silla de
San Pedro: Rodrigo. El papado de Alejandro VI duró poco más
de diez años (1492-1503), y se constituyó en el período
de mayor fortaleza de la familia Borgia. Catalán como los Borgia,
el espléndido escritor Manuel Vázquez Montalbán
(Barcelona, 1939) plantó la mirada y su pericia literaria en
aquellos años para escribir una novela histórica que hay
que leer: O César o nada (Planeta; Barcelona, 1998).
Vázquez Montalbán, también creador de la zaga de
novelas negras protagonizadas por el ex agente de la CIA Pepe Carvalho,
respalda su novela en un robusto trabajo de investigación. El
resultado es una pieza narrativa en la cual el apego a la historia no
atenta en contra de la libertad imaginativa necesaria en cualquier discurso
literario. Así, por ejemplo, desconozco si realmente Leonardo
Da Vinci y Maquiavelo fueron amigos, pero no importa: como ocurre en
O César o nada, pudieron serlo; esto es, la verosimilitud
que consigue Vázquez Montalbán es tanto literaria como
histórica.
Difícil establecer cuál es el tema central de la novela,
seguramente porque son varios y bien entrelazados. Uno de ellos, lo
destaco, es la relación entre el sabio intelectual diríamos
hoy y el poder; la trama arranca cuando el florentino Nicolás
de Maquiavelo es informado de la muerte de César Borgia, a quien
años antes había asesorado y quien le serviría
de modelo a la hora en que escribió El Príncipe
Tenía razón César. Es usted uno de los pocos
sabios que no parece tonto.
En el futuro, los sabios sólo sobrevivirán si parecen
tontos.
Sirva al menos la respuesta de Maquiavelo de pretexto al comportamiento
de muchos conocidos nuestros.
O César o nada nos propone un Leonardo utilitario,
pesimista y cínico. Cocina manjares aunque César le pague
por inventar máquinas de guerra que le ayuden a conquistar los
dominios feudales que se oponen a su proyecto de unificar Italia; usa
al poderoso y permite que éste lo use a él.
El humanismo renacentista y la poderosa influencia que en él
tuvo la iglesia católica, la explosión intelectual que
significó el rescate de la antigüedad clásica, el
deseo de poder y el poder del deseo, el dilema de si es la fuerza del
destino o la fuerza de las voluntades lo que mueve al mundo, la cosa
pública que se decide en las alcobas, son sólo algunos
de los muchos planteamientos que Vázquez Montalbán pone
en juego a lo largo de las más de cuatrocientas páginas
del libro.
Intensa en cuanto a las ideas que se abordan, la novela es además,
como nos tiene acostumbrados el autor, un rico compendio de historias
interesantes, plagadas de momentos críticos y de misterio, que
la hacen merecedora de una lectura apasionada.