A lomo de palabra

por Germán Castro (
gcastro@agseso.com)

¿Dónde comprar libros?

Mi orgullo hidrocálido en ciernes –apenas llevo 15 años viviendo aquí– fue lastimado. Viaje de negocios a la ciudad de Querétaro, reunión de trabajo en la UAQ, rapidez en la respuesta y luego la necesidad impostergable de comprar una pijama de franela –el frío queretano no le pide nada al frío aguascalentense–… Duda, hasta que aparece, imponiéndose en el paisaje urbano, el nuevo centro comercial que tan felices tiene a los vecinos, y ahí, majestuoso, Liverpool.

– ¿Ustedes allá en Aguas tienen ya Liverpool? -me pregunta mi amable contacto en aquellas tierras y yo, humillado, apenas alcanzo a contestar desde la lona:

– No…, pero desde hace años hay un Fábricas de Francia…, y es casi lo mismo.

Allá nos dirigimos en pos de la mentada pijama… Y tan pronto uno entra a Liverpool, la verdad se presenta con toda su contundencia: casi, por supuesto, no es lo mismo que igual. Bastaron unos minutos para encontrar la aliada contra el frío nocturo, luego sólo quedaba salir de ahí, pero, ¡oh, pérfido destino!: el libro que traía para leer durante el viaje tendría que dormir el sueño de los justos aquella noche, porque en la minúscula librería de Liverpool apareció en coquetas pilas el libro que por ningún lado había podido localizar en Aguascalientes, El hombre duplicado de José Saramago. ¡Carajo, ni Gandhi lo tiene aún a la venta!

Hasta hace un par de años –y no encuentro ningún factor que de entonces a la fecha haya podido variar las cosas– las estadísticas mostraban que, en tanto punto de venta, el sitio que reportaba la mayor cantidad de milagrosos encuentros entre un libro nuevo y sus lectores era… ¡Samborn´s! Así es, ninguna librería le llega ni de cerca al volumen de venta de libros de los bunquers del consumismo con los que Carlos Slim invade sistemáticamente el país. ¿Y las librerías? Pocas, claro, y mal surtidas…
Querétaro se tenía guardada otra sorpresita para lastimar mi ego hidrocálido: tarde de agradable andar ocioso por el centro de la ciudad, y…:

– Te voy a llevar a un lugar que segurito te va a gustar mucho…

Y no, no se trataba de un museo, sino de una libería como aquí en Agüitas no hay: Un lugar de la Mancha se llama, plantado en una vieja casona del Barrio de la Cruz. Librería, cara que ni qué, pero con una muy respetable catálogo, sin duda seleccionado por gente que sabe de libros… Y además, claro, cafetería, discos, regalos, tarugadas de esas que nos gusta comprar a los lectores compulsivos. Un lugar de la Mancha es una cadena de librerías, con tres sucursales en la ciudad de México, y, ¡oh, humillación!, además del local de Querétaro, otro más en León, Guanajuato… ¡Y todavía hay quien sigue empecinado en llamar a Aguascalientes la Atenas de México!

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